Cuando encuentre la palabra que me nombra
no habrá mas
nada que decir.
Cuando esa
palabra me diga tan naturalmente
como el espejo
devuelve la imagen,
será la
felicidad de la nada.
Quizás esa
palabra anide fuera del tiempo.
Tal vez guarde
en su vientre,
tanto, tanto
silencio,
que no precise
ser dicha.
O su razón de
ser sea su inminencia;
estar siempre a punto de decirse.
Hasta tanto,
debo seguir con estos borradores;
tirando la caña
en un lago sin
fondo,
lleno de estrellas como un cielo nocturno.
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