Allí están el descampado
y el sendero que cruza el descampado.
Una dupla inseparable.
El sendero inhala y exhala gente
y el descampado se lo agradece
en silencio.
Por ahí pasa el hombre
que va y viene del trabajo a la casa.
La viejita con las compras.
El borracho haciendo eses y hablando solo.
La pareja que va
a hacer sus cosas cuando se pone el sol.
El descampado y su sendero.
El descampado y su dulce cicatriz.
Alrededor casas bajas
y muchos perros que ladran mucho.
Yo que todavía soy un niño digo:
allí hay otro tiempo
y otro espacio.
Atravesarlo no es poca cosa.
Casi, casi, no se es el mismo después.
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