Me despierto y veo al nieto
durmiendo a mi lado.
Sé que no debo perder tiempo.
Debo amarlo mucho y
hacerlo cuanto antes.
Llegaré hasta su sangre,
me disolveré en sus células,
su piel , su respiración.
Haré una casa
en la tibia profundidad
de las zonas bajas
de su subconsciente.
Iré con él en él.
Pasaré por una rendija
que la muerte no conoce
y seguiré viviendo
un trecho más.
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